Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el lanzamiento oficial de la Biblioteca del Proceso de Paz con las Farc-Ep

 
Resultados de la búsqueda
Bogotá , 2018-07-25T05:00:00Z 7/25/2018 5:00:00 AM
Sistema Informativo del Gobierno - SIG

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el lanzamiento oficial de la Biblioteca del Proceso de Paz con las Farc-Ep

El 24 de noviembre del 2016 no fue un día cualquiera para la historia de Colombia. Fue una fecha muy especial, que marcó el destino de esta tierra que tanto amamos.

Ese día –aquí mismo, en el Teatro Colón– hicimos historia al firmar el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto con las FARC –el grupo armado ilegal más grande y antiguo del hemisferio occidental–.

Quedó marcado en nuestros corazones y en nuestras memorias porque significó el fin de una pesadilla y el inicio de un gran sueño –uno que, más allá de cualquier diferencia, compartimos 50 millones de colombianos–.

Le dijimos adiós al miedo y a la zozobra que dominaron la vida de los colombianos durante más de medio siglo, y le dimos la bienvenida a la construcción de la paz.

Fue un hito que marcó el punto de llegada de más de 34 años de esfuerzos –de los últimos siete presidentes de nuestro país– para ponerle fin al conflicto armado con las FARC a través del diálogo.

Nosotros –desde que iniciamos el gobierno– nos empeñamos en darnos una nueva oportunidad para acabar la violencia. Y lo logramos. Logramos un acuerdo con las FARC.

Fue un proceso que incluyó dos años de acercamientos secretos y conversaciones exploratorias, y algo más de cuatro años de diálogos y negociaciones públicas.

Hoy se le reconoce como el único proceso de paz exitoso en el mundo en mucho tiempo y como el más completo e integral –entre otros 34 acuerdos firmados en el mundo, según el Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz–.

Los miembros de las FARC dejaron las armas, se convirtieron en un partido político que se acoge a las reglas de la democracia y de nuestra constitución, y aceptaron someterse a una justicia transicional.

No solo fue un hito frente al pasado sino también hacia el futuro, porque comenzó un proceso complejo y amplio para implementar integralmente todo lo acordado.

Además de la dejación de las armas y la reincorporación de los excombatientes a la sociedad civil, ese proceso incluye el desarrollo rural integral, la solución al problema de las drogas ilícitas, la ampliación y el fortalecimiento de nuestra democracia, y la garantía de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

Y eso –que no es poco– no se logra de la noche a la mañana. Es un proceso que estimamos dure unos 15 años.

Construimos una hoja de ruta para poner en marcha el acuerdo que llamamos el Plan Marco de Implementación. Ese plan tiene 501 indicadores y –al día de hoy– 451 ya iniciaron su ejecución.

Dentro de esos indicadores que ya están andando incluimos la puesta en funcionamiento de la Jurisdicción Especial para la Paz.

En los últimos días ha sido realmente histórico ver a los excomandantes de las FARC presentándose ante esta jurisdicción; así como a algunos agentes del Estado.

Incluimos también el establecimiento de la Comisión de la Verdad, los ajustes normativos de implementación temprana, la creación y puesta en marcha del Consejo Nacional de Paz y del Sistema de Alertas Tempranas, y la realización de actos tempranos de reconocimiento de responsabilidad colectiva.

Son muchos los compromisos que ya son una realidad. También ha habido grandes esfuerzos del Gobierno nacional, las organizaciones sociales y los excombatientes por cumplirles a las víctimas; en especial, a las víctimas de desaparición forzada.

Esos esfuerzos están, precisamente, en el informe que acaba de entregarle la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos a la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

La verdad es que, mirando en retrospectiva, es increíble recordar lo que se inventaron en torno a este proceso, quienes querían envolver a los colombianos en una burbuja de pesimismo.

Que las FARC iban a ser los nuevos policías, que se iba a acabar el Ejército, que la propiedad privada estaba en peligro, que las FARC iban a obligar a la gente a votar por ellos… Y muchas otras mentiras más que, con el tiempo, han caído por su propio peso.

Nuestro proceso de paz no fue perfecto –ninguna obra humana lo es– y el acuerdo logrado tampoco lo es.

Es el fruto de una ardua discusión, de años de sacrificio y dedicación de los equipos negociadores y de mucha gente más –algunos nos acompañan hoy–, que llevaron a un texto que aunque no puede satisfacer plenamente a cada parte, ha traído el mejor resultado: el fin de un conflicto armado que produjo más de 270 mil muertos y más 8 millones de víctimas y desplazados.

Les confieso que en este difícil proceso y en medio de tantas mentiras y críticas al proceso y al acuerdo, es normal sentirse desanimado, frustrado o, como decimos aquí, a punto de tirar la toalla.

Pero nunca decaí por dos razones fundamentales.

La primera razón es que siempre hablé con las víctimas para llenarme de fuerzas para continuar.

Hoy nos acompañan muchas de esas víctimas, a las que nunca me cansaré de decirles: ¡GRACIAS!

Gracias por compartirme sus historias de vida. Gracias por permitirme ser testigo de su generosidad y su disposición de perdonar. Gracias por lo que hicieron para que la paz saliera adelante. Gracias por darme una –si no la mejor– lección de vida.

La segunda razón por la que no decaí es porque sabía que estábamos haciendo lo correcto –así no fuera, insisto, lo popular–.

¿Y cómo sabía que estábamos haciendo lo correcto? Las víctimas fueron la razón de ser de nuestros esfuerzos. Cada que pensaba en ellas y en las que ya no serán, en las miles de vidas que se habían salvado y se van a salvar, sabía que, efectivamente, hacíamos lo correcto.

Hoy es fácil decir que algo se pudo haber hecho mejor. Seguramente hubo equivocaciones, pero no hay remordimientos porque obramos de buena fe y dimos lo mejor para lograr un fin esencial para nuestro futuro: el de acabar un conflicto armado que impedía que Colombia alcanzara su máximo potencial.

Todo esto –nuestra experiencia, las lecciones y los resultados– hacen de nuestro proceso de paz un objeto de estudio y de análisis para colombianos de todas las disciplinas, y para un mundo que está necesitado de modelos de construcción de paz.

Sentíamos la responsabilidad de dejar testimonio escrito, ordenado y sistemático de la forma en que se gestó, se desarrolló y culminó nuestro proceso.

Como en toda democracia estos procesos que representan un gran cambio, deben ser documentados para el presente y, sobre todo, para las futuras generaciones.

No queríamos repetir historias de procesos pasados que no quedaron documentados en ninguna parte.

Los colombianos nunca pudimos conocer lo que se conversó y acordó con los grupos paramilitares, y cuando iniciamos nuestro gobierno no encontramos la versión original del famoso Acuerdo de Santa Fe de Ralito y otros documentos de esta negociación.

Por eso, desde el mismo inicio de los acercamientos secretos con las FARC, le asigné a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz una tarea fundamental.

Les pedí documentar, sistematizar y preservar los documentos e insumos que construíamos desde el gobierno para impulsar las conversaciones, así como los documentos de la fase exploratoria y la fase pública.

Así lo hicieron y, por eso, construimos la Biblioteca del Proceso de Paz con las FARC que hoy lanzamos en Bogotá –y que en los próximos días va a ser lanzada en varias regiones para que los colombianos sepan que existe–.

Es una colección de 11 tomos –contando el Acuerdo Final–, ordenada en forma cronológica, que presenta la historia del proceso a través de documentos que, incluso, no se habían revelado para evitar entorpecer el avance de las discusiones.

Por ejemplo, mucho se especuló sobre la fase exploratoria. Que cuál fue la agenda, que qué se habló inicialmente, que quiénes fueron, que dónde se reunieron...

Todo eso se podrá saber ahora con detalle, porque en la Biblioteca reposarán las actas originales de esas reuniones.

De hecho, va a estar publicada la agenda general que las FARC llevó y que, por supuesto, luego el gobierno no aceptó.

Les cuento un par de temas que estaban en esa agenda…

Las FARC –desde el principio de la fase exploratoria– propusieron una agenda abierta que no dejaba explícito el tema de la dejación de armas. Desde luego, a eso le dijimos que NO, y fue lo que provocó la más grande crisis de esa fase.

Siempre les dijimos que íbamos a aceptar los puntos que se relacionaran SOLO con el objetivo de ponerle fin al conflicto armado, y eso hicimos.

Después, ya en la fase pública, en el punto 1, NO les aceptamos a las FARC, por ejemplo, cambiar el modelo económico, eliminar el latifundio, discutir con ellos los Tratados de Libre Comercio o las limitaciones a la inversión extranjera, entre muchos otros temas.

En el punto 2 NO les aceptamos reestructurar el Estado, reformar el sistema político electoral o la elección popular del Procurador, del Defensor del Pueblo, del Fiscal y del Contralor.

Y en el punto 3 NO les aceptamos ninguna alusión al cambio de estructura y composición de las Fuerzas Militares. Siempre fue una línea roja y la hicimos respetar.

Se dijo de todo sobre nuestra visión en cada punto de la agenda. Varias veces debimos salir a desmentir lo que algunos decían y a dar partes de tranquilidad.

Pues bien, esa visión nuestra –y también la de las FARC–, está en uno de los tomos de la Biblioteca y se podrá hacer un ejercicio muy importante de comparación con los textos finales acordados.

Por otro lado, muchos colombianos supieron que hubo reuniones con los voceros del SÍ y del NO, luego de los resultados del plebiscito, pero quedaron con la intriga de saber qué y cómo se discutió internamente.

Ahora las discusiones, los cambios, ajustes y precisiones, también estarán publicadas en la Biblioteca del Proceso de Paz.

Hoy quiero adelantarles algo. Después de dos semanas de reuniones de día y de noche, se lograron acuerdos en 58 de los 60 puntos de la matriz que reunió las propuestas del NO.

Por ejemplo, en lo que tenía que ver con la Reforma Rural Integral, se aclaró que las fuentes del fondo de tierras ‘se aplicarán de conformidad a la Constitución y siguiendo los criterios establecidos en las leyes vigentes’.

También se aclaró que ‘nada de lo acordado en esa Reforma debe afectar el derecho constitucional a la propiedad privada’. Que los procesos de constitución de zonas de reserva campesina ‘se harán por parte de la autoridad competente de conformidad con la normativa vigente’ y que el avalúo catastral ‘se hará por parte de la autoridad competente de conformidad a la ley’.

En materia de participación política se precisó que el nuevo partido de las FARC ‘no podrá inscribir candidatos a las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz y que las garantías a la protesta se referían a la protesta pacífica’.

En el punto de drogas se reiteró que, cuando NO sea posible la sustitución, ‘el Gobierno no renuncia a los instrumentos que crea más efectivos, incluyendo la aspersión, para garantizar la erradicación de los cultivos ilícitos’.

Y en el punto de fin del conflicto quedó explícito que las FARC tenían la obligación de incluir los nombres de las milicias en los listados que entregaran al Gobierno para su acreditación.

Son muchos los acuerdos que logramos y mucho lo que quisiera contarles, pero para eso tendrán a su disposición la Biblioteca del Proceso de Paz.

Y esto –toda esta información que será pública– además de tener mucha importancia porque se convierte en una muy buena fuente de consulta, tiene también otra importancia para nosotros como gobierno.

Esto representa un acto más de transparencia de nuestra parte, que nos permite decirle a Colombia y al mundo que no mentimos. Que fuimos conscientes de la responsabilidad que teníamos y que medimos cada paso para ir por el camino lo correcto.

Que lo que no contamos, no lo contamos por el bien del proceso mismo. Que lo que queríamos –como varias veces lo dije haciendo la analogía con el pintor que pinta un cuadro– era mostrar el acuerdo completo para se pudiera apreciar en su totalidad, pues de forma individual hubiera sido mal interpretado.

Queremos que esta Biblioteca esté a la mano de todos y, por eso, vamos a iniciar su distribución a las bibliotecas públicas del país y a organismos internacionales.

Gracias, Gerson Arias, porque usted ha sido fundamental en este esfuerzo.

Gracias al equipo de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y a la Imprenta Nacional por haberla elaborado.

Gracias al Gobierno de Suecia y a Fondo Paz por su financiación.

Gracias a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, al PNUD y al Centro Nacional de Memoria Histórica por ayudarnos con su distribución y con los lanzamientos regionales.

También gracias a la Organización Internacional para las Migraciones por su acompañamiento.

Esta colección es una ofrenda que entregamos en beneficio de la construcción de la paz en Colombia y, ojalá, en el mundo.

Logramos que el acuerdo de paz y las actas de la fase exploratoria y la fase pública fueran declarados bien de interés cultural de carácter documental archivístico por el Archivo General de la Nación de Colombia, y se ha postulado al Registro Regional del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

Hoy, gracias a lo que logramos, los colombianos tenemos la oportunidad histórica de construir un nuevo país y no la podemos dejar ir. Conociendo de primera mano el proceso de paz y con la confianza que esto genera entre la institucionalidad y la sociedad, tenemos que seguir construyendo sobre lo construido.

Ese es el legado que–con el apoyo de la comunidad internacional– le dejamos con orgullo y con amor a Colombia.

Esperamos que los colombianos cuiden ese legado porque la paz es de TODOS y entre todos tenemos que interiorizarla, protegerla y construirla como a una catedral, ladrillo a ladrillo.

Los invito a recordar siempre esta frase del Papa Francisco:

“Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente”.

Si trabajamos juntos, estoy seguro de que vamos a poder VIVIR EN PAZ en Colombia.

Muchas gracias.

/Audios/4010_PresidenteLanzamientoBibliotecaPaz_20180725.mp3
/discursos/180725-Palabras-del-Presidente-Juan-Manuel-Santos-en-el-lanzamiento-oficial-de-la-Biblioteca-del-Proceso-de-Paz-con-las-Farc-Ep

Noticias Relacionadas