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Presidencia
​ Juan Manuel Santos Calderón

Presidente de la República

Juan Manuel Santos Calderón

Nació en Bogotá el 10 de agosto de 1951. Fue cadete de la Escuela Naval en Cartagena, estudió Economía y Administración de Empresas en la Univers idad de Kansas y realizó cursos de posgrado en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres (London School of Economics and Political Science) y la Universidad de Harvard, en la Escuela Fletcher de Leyes y Diplomacia.

Ejerció como Jefe de la Delegación de Colombia ante la Organización Internacional del Café (OIC), en Londres. Fue el último Designado a la Presidencia de la República y el primer Ministro de Comercio Exterior. También ha sido Ministro de Hacienda y Crédito Público, y Ministro de Defensa Nacional. En este último cargo le correspondió liderar la aplicación de la Política de Seguridad Democrática.

Creó la Fundación Buen Gobierno y fundó en el año 2005 el Partido de la U, colectividad que es hoy la mayor fuerza política del país.

Ejerció el periodismo como columnista y subdirector del diario El Tiempo. Recibió el Premio Rey de España y fue Presidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Ha publicado varios libros, entre los que se destacan La Tercera Vía, que escribió con el ex primer ministro británico Tony Blair, y Jaque al Terror, en el que describe los más duros golpes asestados a las FARC durante su periodo al frente del Ministerio de Defensa.

El 20 de junio de 2010 –después de haber obtenido el primer puesto en la primera vuelta de la elección presidencial realizada el 30 de mayo del mismo año–, fue elegido en segunda vuelta Presidente de la República de Colombia por el periodo de cuatro años, comprendido entre el 7 de agosto de 2010 y el 7 de agosto de 2014. Obtuvo una votación superior a los 9 millones de votos, la más alta obtenida por candidato alguno en la historia de la democracia colombiana. Desde s u campaña ofreció liderar un Gobierno de Unidad Nacional que realizara el tránsito de la Seguridad Democrática a la Prosperidad Democrática.

En agosto de 2012 les anunció a todos los colombianos que su Gobierno venía adelantando un proceso de paz con las Farc.

El 15 de junio de 2014, en segunda vuelta y con más de 7.8 millones de votos, fue reelegido como Presidente de la República para el periodo constitucional 2014 – 2018, con un plan de Gobierno basado en tres pilares: Paz, Equidad y Educación.

Gracias a su tenacidad y empeño por alcanzar la paz y reconciliación de Colombia, en 2016 el Comité Noruego del Nobel le otorgó esta distinción por sus "decididos esfuerzos" para terminar con el conflicto armado. El Comité del Nobel agregó que el galardón "es un tributo al pueblo de Colombia que, a pesar de las grandes dificultades y los abusos, no ha perdido la esperanza en una paz justa, a todas las partes que han contribuido al proceso de paz".

El Presidente Santos está casado con la señora María Clemencia Rodríguez, con quien tiene tres hijos: Martín, María Antonia y Esteban.


La visión del Presidente en sus propias palabras​

Presidente de la República, Juan Manuel Santos
Foto: Juan Pablo Bello

Alguna vez dije en una entrevista que era "extremista"… del extremo centro. Y como buen centrista comparto algunas posiciones de la derecha moderada (énfasis en seguridad, amigable con la inversión privada y extranjera, respetuoso de la propiedad privada) y con la izquierda moderada (prelación de programas sociales para cerrar brechas y mejorar la equidad, reivindicación de las víctimas y las minorías, tolerancia y libertad de expresión).

No soy un reaccionario, tampoco un revolucionario. Soy un pragmático que entiende –y lo repito muchas veces– que "lo ideal es enemigo de lo bueno" y que las verdaderas revoluciones se hacen poco a poco, a base de reformas pausadas y bien pensadas. Por eso nuestro gobierno ha insistido en ser un gobierno reformador.

También agregaría que nuestro gobierno quiere ser un gobierno que obre dentro de la legalidad, que se ajuste a ella en todo momento, y que jamás pretenda estar por encima del derecho.

Por otro lado, no abandono mis principios liberales, y los reivindico como mi ideología originaria, independientemente de que milite en el Partido de la U. Pertenezco al Partido de la U –que fundé y que representa mi filosofía de la Tercera Vía– pero siempre he estado inspirado por las ideas liberales que, a su vez, tienen su origen y su norte, su alfa y su omega, en un valor fundamental: la libertad.

Estoy convencido, además, de que la manera de apropiarnos de la Tercera Vía en la administración será a través de los principios del buen gobierno, que representan la eficacia, la eficiencia, la transparencia y la rendición de cuentas.

Defiendo por sobre todas las cosas los valores de la tolerancia, el respeto a la diversidad, el diálogo y la concertación. Como hombre de diálogo y concertación, siempre recuerdo que esto lo aprendí de la década en la que trabajé con el gremio cafetero, donde todas las decisiones se conciertan.

Y en cuanto al tema de la seguridad y la determinación mi inspiración es Churchill, en el manejo político y del Estado es Franklin D. Roosevelt, y en la paz, Mandela.

Soy consciente de que comunicar las posiciones de centro es difícil. Es más fácil suscitar pasiones y adeptos con posiciones radicales y extremas. Pero es más responsable obrar con moderación, paciencia y visión de largo plazo. Por eso más que seguidores, tengo simpatizantes. Porque el centro –si bien es la postura apropiada para un país que quiere abandonar la violencia y la polarización– no genera fanatismos. Y eso es justamente lo que necesita Colombia en este momento para crear el Nuevo País que se sueña.


Siempre en búsqueda de la paz

Para Juan Manuel Santos, galardonado con el Premio Nobel de Paz, ésta ha sido un motor a lo largo de su vida.

Todo empezó en casa. Cuando su abuelo, Calibán, y su padre, Enrique Santos Castillo, editor del periódico El Tiempo, le contaban de esos años de la Violencia con mayúscula, de esas décadas de sangre que le siguieron a la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, a la sublevación de las guerrillas liberales, a las matanzas entre liberales y conservadores radicales. Su padre le contaba cómo había participado, entre telones, en la desmovilización del temible Guadalupe Salcedo y de los hermanos Bautista. Y hasta un día vio a Salcedo en la casa de su abuelo. Años después, con su familia, recuerda cómo iban a una finca de su tío y padrino cerca a Ambalema (Tolima) acompañados por el ejército por los rezagos de la violencia. Estaba en el territorio de los bandoleros Sangrenegra, Desquite y Tarzán y era necesario estar atento. Aún se sentía el fantasma del peligro de los guerrilleros desprendido del armisticio de las guerrillas liberales de los Llanos.

Quizá no lo sabía en ese entonces en el que tenía acceso a tanto, pero esas charlas en la casa de la familia, esa impresión de ver la cara de la guerra de primera mano, encenderían una llama en su corazón. Una búsqueda incesante por encontrar la paz del país y que se dedicaría a cultivar por décadas, tomando los caminos necesarios para alcanzarla. Vio, también, la cara de la pobreza cuando fue delegado cafetero en Europa y tuvo la oportunidad de descubrir en los países africanos los estragos de la violencia y las guerras y sus consecuentes efectos en el rezago de la población.

Pero el momento determinante fue 1987. Fue en una clase del profesor Roger Fisher en Harvard, a quien había tenido la oportunidad de oír a comienzos de los ochenta. Trataba de negociación de procesos de paz. Ya en el 84, había tenido la oportunidad de estrechar la mano de Jimmy Carter, artífice de los acuerdos de Camp David sobre el conflicto árabe israelí. Fue en ese instante que sintió que la violencia que padecía Colombia y esa década terrible de los años 80, debía tomar otro camino, el del diálogo. Había que seguir esa primera iniciativa del presidente Belisario Betancur de sentarse a negociar con las FARC.

Durante esa década había seguido como legado familiar el oficio de periodista en el periódico El Tiempo, pero durante el gobierno de César Gaviria, recibió la invitación para ser su ministro de Comercio Exterior, una cartera recién creada. Entendió, y decidió, que sería desde el escenario político donde podría contribuir a esa causa que le empezaba a marcar la pauta de su vida: la paz. En ese ministerio, que abrió el país al mundo, estrechó lazos y realizó convenios que permitieron que el país empezara a salir del estancamiento de unos años de violencia insoportable. Con cada relación que se construía con otros países intentaba romper la imagen de Colombia como un país inviable, en el que estallaban bombas y secuestraban a ciudadanos indefensos.

Al salir de ese cargo, construyó el andamiaje de su gran sueño: la Fundación Buen Gobierno. Allí se dedicaría a pensar cómo hacer de Colombia un país más incluyente y progresista. De hecho, durante el gobierno Samper, Juan Manuel Santos, junto con miembros de la Iglesia, sindicatos, empresarios como Nicanor Restrepo y otras personas como Álvaro Leyva o Angelino Garzón, incansables buscadores de la paz, realizaron una serie de reuniones que buscaban intentar contrarrestar la crisis de gobernabilidad que padecía el país. De hecho, en esos días lo tildaron de "conspirador" y se dijo que buscaba tumbar al presidente Samper. Sin embargo, todas las reuniones que propiciaba tenían una voluntad profunda por alcanzar la paz.

Voluntad que siguió creciendo y se materializó en uno de los eventos que más relevancia ha tenido en el país en la búsqueda de la paz: la cumbre de paz en la Abadía de Monserrat, en Bogotá, con un invitado clave: Adam Kahane, un hombre que había cumplido un papel fundamental en alcanzar la paz en Suráfrica y con quien el propio Nelson Mandela le había recomendado hablar. Con Kahane y junto con una cantidad de participantes que representaban a todos, absolutamente todos, los sectores de la sociedad –hasta Víctor Carranza llegó y Raúl Reyes apareció vía telefónica- se sentaron a pensar en una salida dialogada en el país y que se materializaría en el documento Destino Colombia. Su objetivo era contribuir a reestablecer las muy deterioradas relaciones del Gobierno con los grupos armados ilegales. Allí se imaginaron cuatro escenarios posibles para el futuro del país en los próximos 16 año, de 1997 a 2013.

El primer escenario, 'Amanecerá y veremos', invitaba a pensar en lo que ocurriría si, en vez de hacer una intervención puntual, se dejaba que los problemas del país se resolvieran por sí solos, lo que llevaba a una pérdida de autoridad del Estado, al recrudecimiento de la violencia y al incremento de las condiciones de pobreza, entre otros.

El segundo escenario, 'Más vale pájaro en mano', aludía a las concesiones ofrecidas a los grupos armados con tal de iniciar un proceso inmediato de reconstrucción de la democracia y de frenar el ciclo ascendente de violencia y muerte.

El tercer escenario se llamaba 'Todos a marchar'. Aquí el liderazgo político acogía la demanda popular para restaurar la seguridad y asumía un mandato que se caracterizaba por la firmeza contra los violentos.

Finalmente, el cuarto escenario, 'La unión hace la fuerza', buscaba un empoderamiento de la sociedad civil para la resolución de conflictos.

Vemos cómo esa hoja de ruta de país trazada sería la que exactamente se llevaría a cabo y en la cual Juan Manuel Santos tomó parte activa. Aborda la desesperanza que produjo el proceso del Caguán –de hecho, en esos años se reunió, allí en Caquetá con "Raúl Reyes" y en el Sinú con Carlos Castaño, las dos cabezas de la violencia que arrasaba con el país, para ver qué salida dialogada podía existir entre ambos y se ofreció a ser mediador–, sigue con el fortalecimiento de la Fuerza Pública y la decidida apuesta de Estados Unidos por apoyar al país, dando como resultado un arrinconamiento militar a la guerrilla y el paso de Juan Manuel Santos por el Ministerio de Defensa. Allí lideró el cambio de estrategia que permitió concentrar los esfuerzos en los líderes guerrilleros y fortalecer la inteligencia que llevó a darle los golpes más duros a las FARC y a la famosa Operación Jaque que culminó con la liberación, sin disparar un solo tiro, de 15 secuestrados por las FARC.

Este recorrido de vida, culmina con un mandato popular por la paz, la equidad y la educación, como pilares de un Nuevo País.

El Nobel de Paz recoge una trayectoria, un incansable interés de Juan Manuel Santos por perseguir la paz de Colombia. En los años 90, optimista como lo ha sido siempre, dijo que la paz estaba de un cacho, pero la guerra se impuso llenando el país de víctimas. Hoy, lo repite, la paz está más cerca que nunca. Y sí, a Colombia le llegó la hora de la paz.


Uno de las 100 personalidades mundiales de Time

Revista Time

En abril de 2017, la revista estadounidense Time incluyó al Presidente Juan Manuel Santos en la lista de los 100 personajes más influyentes del mundo.

El semanario estadounidense seleccionó un centenar de personalidades, entre las cuales el gobernante colombiano es el único mandatario latinoamericano y aparece al lado de la Primera Ministra de Reino Unido, Theresa May y los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump; Rusia, Vladimir Putin y China, Xi Jinping.

La publicación ubicó a los personajes en cinco categorías: pioneros, artistas, titanes, iconos y líderes, en la que aparece Juan Manuel Santos.