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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la 61° Asamblea Anual de la Cámara de Comercio Colombo-Americana

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Bogotá , martes, 15 de marzo de 2016
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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la 61° Asamblea Anual de la Cámara de Comercio Colombo-Americana

​.

¡Qué alegría –doctor Rodolfo, doctor Camilo– volver a esta Asamblea Anual de la Cámara Colombo-Americana, para volverme a encontrar con este grupo excepcional de empresarios, de emprendedores que hacen tanto por el país y hacen tanto por el bienestar de todos los colombianos!

Las más de mil empresas afiliadas a la Cámara son ejemplo de pujanza, son un ejemplo de innovación, son un ejemplo de talento exportador, y que han sabido además aprovechar lo mejor de nuestros dos mercados, el americano y el colombiano, para tratar de generar más riqueza, más empleo y más crecimiento. De eso se trata el comercio, de eso se trata el acuerdo que tenemos con Estados Unidos en materia de libre comercio.

Yo me acuerdo cuando vine en el año 2011 –hace 5 años– y nuestra mayor preocupación en ese entonces era si nos iban a prorrogar o no las preferencias de lo que se denominaba la ATPDEA, que fueron unas preferencias que conseguimos cuando abrimos la economía en el año 1991–92 para ver si podíamos exportar sobre todo más flores y algunos productos a los Estados Unidos.

Ahora podemos decir –5 años más tarde y con mucha satisfacción– que esas preferencias se ampliaron muchísimo, se volvieron certeza jurídica y que en mayo ya cumplimos 4 años desde que Estados Unidos aprobó el acuerdo, el  TLC que le dio además una gran estabilidad a nuestras relaciones comerciales.

Ustedes saben mejor que yo, la coyuntura mundial en los últimos años no ha sido la más favorable, no ha sido la más propicia para el comercio internacional, no solo por la baja del precio del petróleo, y la baja también de muchos de los productos nuestros de exportación, el precio de los productos básicos, sino también porque se han venido desacelerando los motores que mantenían el comercio y la economía mundial, de las grandes economías del planeta.

Sabemos que las exportaciones de productos minero-energéticos hacia Estados Unidos han bajado, y han bajado de forma importante por estas circunstancias. Y eso además era inevitable.

Pero hay que resaltar -creo que eso es lo importante para ver el vaso medio lleno y no medio vacío- el comportamiento de las exportaciones NO minero-energéticas, que se han venido incrementado en un 11 por ciento entre el año 2012 y el año 2015.

Eso –en el fondo–, y lo he dicho muchas veces, es saludable, pues estamos aprendiendo a exportar más y a exportar manufacturas y a exportar más productos del agro, que requieren, entre otras cosas, más mano de obra colombiana y que además diversifican nuestra oferta.

No era bueno –ni con Estados Unidos ni con ningún otro país– que nuestro comercio dependiera más y más del petróleo y de las exportaciones minero-energéticas. Por eso digo yo que no hay mal que por bien no venga, y la baja en los precios del petróleo en cierta forma nos salvó de entrar de lleno en esa enfermedad que la han denominado la “enfermedad holandesa”.

Durante la vigencia del TLC, 1.255 empresas pequeñas –sobre todo Mipymes– han hechos sus primeras exportaciones a Estados Unidos, y hemos incursionado con 376 productos nuevos.

Estados Unidos sigue siendo nuestro principal socio comercial y Estados Unidos sigue siendo el principal inversionista en nuestro suelo.

3 de cada 10 dólares de nuestras exportaciones corresponden a ventas de Colombia hacia Estados Unidos, y 3 de cada 10 dólares de nuestras importaciones también corresponden a compras de Colombia provenientes de Estados Unidos.

Este dinamismo –repito: a pesar del difícil entorno económico global, del dificilísimo entorno económico regional– se debe en buena parte al trabajo, al empuje de ustedes, de los empresarios de Colombia, que todos los días están haciendo un trabajo muy importante, tratando de aprovechar las oportunidades que salen de las crisis, que no se rinden ante los obstáculos, y que donde otros ven problemas ustedes ven realmente oportunidades.

Hay casos realmente llamativos: empresas huilenses –por ejemplo– que proveen de mojarra a los almacenes Wal-Mart en Miami y Los Ángeles, o de tilapia a los restaurantes de Atlanta, de Nueva York o de Boston, peces que crían, con las mejores características de calidad en nuestra represa –que ahora está baja en su embalse pero que está subiendo- que es la represa de Betania, allá en el sur del país.

Hay indígenas del Cauca, por ejemplo, que exportan quinua –ese producto andino lleno de propiedades nutricionales– a consumidores norteamericanos que están privilegiando la salud, o por ejemplo unas mujeres cabeza de hogar en Roldanillo, Valle, que se asociaron para exportar ajiaco y sancochos congelados, y además nos dicen que obtienen una magnífica rentabilidad.

Son ejemplos pequeños muy dicientes; ellos representan esos nuevos nichos de mercado que los colombianos podemos y debemos aprovechar, y mucho más ahora cuando la apreciación del dólar hace mucho más atractivo exportar.

Con el Ministerio de Comercio, con Procolombia, con Bancoldex, con el nuevo estatuto aduanero que construimos de la mano del sector privado –porque eso fue un trabajo de concertación muy dispendioso, muy largo, pero muy productivo, creo yo, y que va a ser muy importante para nuestros exportadores y nuestros importadores, que queremos para para facilitar el comercio exterior–, ese documento lo firmé la semana pasada, y con todos ellos estamos fortaleciendo nuestra capacidad exportadora, nuestro músculo exportador, que todavía tiene mucho camino para recorrer.

Nosotros seguimos siendo, a pesar de todos los esfuerzos, hace 25 años abrimos la economía, primer Ministro de Comercio Exterior, y sin embargo todavía el porcentaje del comercio frente a nuestra población, al tamaño de nuestra economía, sigue siendo relativamente bajo.

Y es bueno poder decir –en este escenario privilegiado de empresarios– que la economía colombiana –en medio de la turbulencia internacional– mantiene un rumbo firme, porque tiene unos parámetros claros hacia dónde tenemos que ir y muestra una resistencia que ha sido elogiada por los analistas, por el Fondo Monetario, por  el Banco Mundial y por quienes están siguiendo día a día los resultados de nuestra economía.

El último dato –lo conocimos la semana anterior– fue el del crecimiento del año pasado,  3,1 por ciento, un crecimiento liderado por la construcción, por el sector financiero, por el agro, por el comercio y por el turismo.

Ese crecimiento fue superior a los pronósticos de la inmensa mayoría de los analistas, de los propios organismos internacionales, que decían que íbamos a crecer mucho menos, 2.5%, 2.7%

Y cuando nos comparamos con la región, pues fuimos el segundo país que más creció después de Perú. Perú creció más que Colombia porque el último trimestre tuvo un crecimiento muy alto por unas circunstancias muy particulares: 4.7% Entonces Perú acabó creciendo el año pasado 3.3, Colombia 3.1, pero muy por encima del promedio regional que fue negativo.

El crecimiento estuvo por encima de México, por encima de Chile, por encima de Brasil y por encima Argentina. Y fue un crecimiento sano y sólido.

Porque otro dato que conocimos recientemente, y es muy importante -porque por eso digo que el crecimiento sano y solido- porque estamos creciendo, pero al mismo tiempo estamos mejorando nuestros indicadores sociales.

Conocimos también, hace unos días, el dato de la pobreza, que ha sido una prioridad para este gobierno.

Mientras que, cuando llegamos al gobierno, 40 de cada 100 colombianos era pobre, el año pasado esta proporción bajó a menos de 28 por cada 100. O sea de 40 por ciento de pobreza a 27.7 ó 27.8 por ciento de pobreza.

Y el porcentaje de población colombiana que está en lo que se denomina la pobreza extrema disminuyó casi a la mitad. Estaba cercano al 14 por ciento y hoy estamos cercanos al 7 por ciento.

¿Qué implica esto? ¿Esto por qué es tan bueno, aparte de la perspectiva humanitaria? Desde el punto de vista económico, eso lo que quiere decir es que estamos ampliando, estamos fortaleciendo la clase media.

En Colombia, las personas que forman parte de la clase media consolidada –que es la que ya superó el riesgo de volver a caer en la pobreza cuando vienen las épocas de vacas flacas-, esa clase media consolidada por primera vez es superior en número a aquellas personas que están catalogadas como personas que están en la pobreza.

Esto es un factor muy importante para el futuro económico del país y para la confianza de los empresarios e inversionistas, pues significa que hay más población que produce y también más población que está consumiendo en ese círculo virtuoso que mueve a las economías.

Muchos de ustedes aquí presentes que han estado conmigo, y les pregunto dónde ven ustedes las fortalezas, por qué están aumentando sus inversiones, me dicen: Colombia es de los países que está creciendo más su economía, pero lo que más nos parece importante es que no solamente está creciendo su economía, sino que dentro de ese crecimiento está reduciendo la pobreza y está poniendo a nuestra disposición muchos más consumidores.            

Por nuestra parte, estamos trabajando en todas las áreas para lograr que en este 2016 tengamos un desempeño similar al del año pasado; hemos identificado claramente cuáles son esos sectores que van a jalonar la economía, y ahí estamos concentrando nuestros recursos, que hemos tenido que recortar por la baja al precio del petróleo que nos ha afectado.

Pero por eso estamos haciendo una labor de focalización selectiva y con un criterio: aquellos sectores que más generen crecimiento, que más generen empleo.

Por ejemplo, el crecimiento de este año va a ser jalonado por la construcción; ya lo que estamos haciendo durante estos primeros dos años nos ha demostrado que las políticas han sido muy exitosas.

Hoy hay una disputa entre el Ministro de Vivienda y la Presidenta de Camacol: por primera vez el Ministro de Vivienda dice que la construcción va a crecer de 9 por ciento y la Presidenta de Camacol lo rectifica y le dice: no, señor Ministro, vamos a crecer más del 10 por ciento. Eso generalmente era a la inversa.       

El comercio. El turismo. El turismo va ser otro factor que va a seguir jalonando, porque está jalonando mucho la economía, pero un sector especialmente importante también va jalonar la economía, que es el sector de la industria, que pronosticamos puede estar alrededor del 8 por ciento.

Ayer conocimos el crecimiento de la industria en el mes de enero –esa cifra fue del 8,2 por ciento de crecimiento sobre el mismo mes del año anterior–, lo que nos demuestra que SÍ PODEMOS, y que está en marcha la reactivación de nuestro sector industrial, de nuestro sector de las manufacturas.

Una construcción subiendo al 9 – 10 por ciento. La industria, y esa cifra no la habíamos visto hace muchísimos años, el año pasado la industria acabó creciendo 3.9 por ciento y era la mejor cifra de los últimos 15 años.    

Es decir –como enseñan los orientales–, estamos tratando de convertir esta difícil situación, la baja del precio del petróleo, la devaluación, en oportunidades.

Y lo estamos haciendo con seriedad, con responsabilidad, con ajuste en el gasto público, para no salirnos de los parámetros que son los que generan la confianza; la regla fiscal que nosotros mismos nos autoimpusimos a través de una reforma  constitucional y de una ley para dar confianza a los inversionistas.

Entonces tenemos que hacer un equilibrio sano entre la responsabilidad fiscal, el ajuste, para que las cuentas fiscales no se salgan de los parámetros razonables y, al mismo tiempo, promoviendo los sectores que más crean empleo y crecimiento.

Por eso la directora del Fondo Monetario dijo: Colombia es un ejemplo de cómo se maneja una crisis, cómo se maneja una transición. Miren lo que está sucediendo en Colombia. Lo mismo dijo el Presidente del Banco Mundial cuando nos visitó hace unas semanas.        

Y avanzamos en algo muy importante que va a potenciar todo esto y creo yo le va abrir unas oportunidades a Colombia que nosotros aquí en este salón muchos no habíamos imaginado, nunca hemos vivido y, por supuesto, es el tema de la paz y la preparación para la etapa del posconflicto, donde los empresarios tienen mucho que aportar pero también tienen unas enormes oportunidades.

Sé que en unos minutos vienen las exposiciones del doctor (Rafael) Pardo, que es el Ministro para Posconflicto, y de Joshua Mitrotti, que está a cargo dela Agencia de Reintegración, ellos les contar sobre la forma en que el sector privado puede aportar a esta fase crucial de nuestra evolución como nación.

Mucha gente se pregunta en el país: ¿Qué van a hacer con todas estas personas que se van a desmovilizar de las Farc? ¿Qué se van a poner a hacer?

Se les olvida que nosotros ya hemos desmovilizado 59 mil personas, y yo calculo que en las Farc hay cerca de 7 mil 500 hombres en armas, y démosle una cifra muy generosa, unos 10 mil son milicianos, o sea serían 17 mil –simplemente estamos mencionando unas posibles cifras- porque eso es lo que estamos tratando de terminar ahora allá en La Habana, cuántos se van a desmovilizar, cuántos van a ser los que van a entregar las armas. Y ese conteo pues no lo hemos hecho todavía, lo estamos haciendo.

Pero lo que quiero decirles a ustedes es que la capacidad del Estado colombiano para absorber una cifra como esas –que posiblemente sea inferior- y la capacidad del Estado y de la economía pues ya está aprobada.

Entonces esa parte no va ser difícil, eso no va representar un reto de esos que dice uno qué complicación, como muchos están pensando, porque ya tenemos los instrumentos, y el doctor Mitrotti les va además a contar las experiencias –que además son muy bonitas-.

Muchos empresarios que han contratado desmovilizados, vienen y dicen: hombre, esta gente realmente no ha resultado muy buena, unos trabajadores inclusive más productivos que muchos que no han sido desmovilizados.

Yo solo quisiera también hacer unas reflexiones con ustedes, para concluir.

Por más de medio siglo, más de 50 años –prácticamente desde cuando cualquiera nosotros tiene memoria– la guerra en Colombia ha sido un obstáculo en nuestro progreso, un obstáculo en nuestro camino hacia el desarrollo, ha sido –yo lo llamo- una especie de freno de mano. Cuando uno trata de manejar y tiene el freno de mano puesto, y es mucho más difícil, y ha sido un lastre que nos ha impedido avanzar a la velocidad que realmente podemos avanzar, y eso está comprobado.

Pero aun en este contexto -como acabamos de ver–, Colombia ha avanzado hacia el desarrollo con equidad, y si ha sido así con ese freno de mano, con un conflicto a cuestas, un conflicto que ha sido muy cruel, ha sido un conflicto muy costoso no solamente en términos de vidas humanas, sino una guerra de 50 años que genera toda una destrucción de la fibra moral de una sociedad, genera todo tipo de efectos colaterales negativos, que se van acumulando, uno no se da cuenta pero se van acumulando…

Entonces, si logramos reversar eso, ¿entonces se imaginan cuánto más podemos hacer como país sin esa guerra, sin ese obstáculo, sin ese freno, sin ese lastre?

Hay muchos estudios que se han venido divulgando últimamente, Planeación Nacional tiene unos, la Universidad de Los Andes, otros centros de pensamiento, y todos señalan que la economía va a crecer si se firma la paz mínimo un 1 por ciento más de por vida, dicen entre 1 y 2, en algunas zonas del país puede ser hasta el 8 por ciento.

Ayer estuve en el Caquetá y allá hablando sobre este tema con las fuerzas vivas del Caquetá, un departamento maravilloso, un departamento que tiene todo y que el conflicto no le ha permitido avanzar porque no llega un peso de inversión. No llega un peso de inversión simplemente porque nadie quiere ir donde hay guerra. Pero ustedes van al Caquetá y ese es un departamento realmente con un potencial enorme en todo sentido. Tiene energía, tiene unas tierras muy productivas maravillosas, tiene agua, tiene una biodiversidad espectacular.

Así es la mitad de Colombia, que no se ha podido desarrollar por cuenta del conflicto. O sea si estamos ahora creciendo al 3 por ciento, y eso que estamos creciendo menos por la baja del precio del petróleo y el entorno internacional, pues imagínense lo que podríamos crecer sin el conflicto: 5, 6,7,8 por ciento. Y eso lo podemos hacer, lo podemos hacer si hacemos a un lado ese obstáculo, esa guerra.

Hace unas semanas nos visitó el expresidente de Sudáfrica, premio Nobel, De Klerk, tuvimos una charla y contó que la economía de su país se triplicó en los años posteriores a la firma de la paz; lo mismo ha sucedido en muchísimas otras naciones que han terminado conflictos armados como el nuestro.

Cuántas inversiones dejan de hacerse en nuestro país simple y llanamente porque somos un país que está en la lista de los conflictos armados, cuántos turistas, cuántos estudiantes de Estados Unidos no los dejan venir aquí las universidades americanas porque somos un país en conflicto. Cuántos empresarios del exterior se abstienen, simplemente dicen: mientras Colombia está en guerra, allá no voy. Son muchísimos.

Cuánto atraso se ha generado en el campo porque hay zonas vedadas por la violencia, cuántas futuras víctimas dejarán de caer si terminamos la guerra, víctimas que mueren, familias que se desplazan, familias que se vienen a los cinturones de miseria de las ciudades y cuya productividad se disminuye entre un 50 y un 80 por ciento.

Ya hemos tenido ejemplos, familias que se regresan a sus municipios donde fueron desplazados, lo hemos visto en varios municipios, yo he estado con ellos y su productividad aumenta vertiginosamente, dejan de demandar puestos en los hospitales de las ciudades donde están asignados, dejan de mandar puestos en los colegios en los sitios a donde llegaron desplazados, o sea es un gana-gana para todo el mundo.

Mucha gente en las ciudades dice: pero a mí en qué me afecta la guerra si esta guerra no es conmigo, esa guerra está por allá en el campo. Pues nos afecta muchísimo, a todos los ciudadanos, porque mucha de esa gente lo que hace es venirse desplazada, demandar de las ciudades, muchas veces no consiguen empleo, se dedican a robar. Por eso esta paz tiene unos beneficios enormes también para no solamente la gente que está viviendo la guerra sino la gente que está viviendo en las ciudades.

Por eso alcanzar la paz es beneficioso desde todo punto de vista y no solo el campesino, sino todos: el habitante de las fronteras va a ser beneficiado, que sigue siendo afectado por la violencia. La paz beneficia a todos los colombianos. Y habrá más inversión, habrá más turismo, habrá más empresas, habrá más oportunidades, porque recursos que hoy, además, se destinan a la guerra, y son muchísimos, podrán dedicarse a la educación, a la salud, a las vías; a ampliar la cobertura de los servicios públicos, podrán destinarse a fortalecer la seguridad ciudadana, que sé que es un tema que a todos ustedes les concierne, les preocupa.

Tenemos muchísima gente de nuestra Fuerza Pública en cierta forma congelada en la guerra: 14 mil soldados allá en las selvas del Caguán, toda esa gente se libera, todos esos recursos se liberan y pueden ser utilizados para la seguridad ciudadana de todos nosotros, en las ciudades también; o sea que hay unos beneficios enormes desde todo punto de vista.

Vamos a poder tener mucha más tecnología y luchar y enfocarnos en la lucha contra el crimen organizado, contra el microtráfico, contra la delincuencia en las calles. Y todo esto es posible, y solo requiere que todos pongamos algo de nuestra parte, de nuestras empresas, de nuestras familias, en el ámbito donde tengamos influencia. Dejemos un poco el escepticismo, el pesimismo, y pensemos en la inmensa oportunidad que se nos abre.

Quiero dejar claro, y lo repito muchísimo y no voy a dejar de repetirlo, esta paz no es mía, esta paz no es del Gobierno; esta paz es de todos los colombianos. Y apoyar la paz no quiere decir que están apoyando al Gobierno; están apoyándose a sí mismos, apoyando al país.

Y yo pues respeto muchísimo la crítica y la oposición, y nadie, y mucho menos un gobernante, es monedita de oro para gustarle a todo el mundo. Pero la paz está por encima; coloquémosla todos por encima de cualquier disputa personal. Y yo como mandatario, como Presidente, para eso me eligieron, quiero la paz, pero apenas soy un episodio en la historia, pasajero.

La paz es por Colombia, por cada uno de los más de 48 millones de colombianos. El mundo entero está viendo esta paz como una gran oportunidad. El mundo entero está viendo la paz como un gran caso de éxito en un mundo que está convulsionado por todo tipo de problemas y de crisis y de conflictos. La paz es por nuestras familias y porque queremos que nuestros hijos, nuestros nietos, vivan en un país sin miedo.

Nosotros no hemos visto un país sin miedo, por eso no nos lo podemos imaginar, pero yo sí le quiero dejar a mi hijo que está por aquí un país sin miedo, que pueda vivir en un país donde el miedo no sea un obstáculo, un freno, y escuchar simplemente noticias todos los días de muertes, de masacres, cada día, y eso es a lo que tristemente nos hemos acostumbrado los colombianos.

La paz además es por el mundo porque, como les decía, nos mira con esperanza. Somos el único conflicto de 22 conflictos que se están poniéndose en marcha en el mundo. Somos el único que tiene posibilidades de una solución pronta por la vía pacífica.

Y no la estamos pactando, como algunos dicen, a cualquier precio y de cualquier manera; tenemos un equipo negociador, serio, dedicado, personas de las más altas cualidades. Tengo un grupo de asesores internacionales que han tenido experiencia práctica en negociaciones, desde el primer día, desde hace más de 4 años y medio, que me vienen asesorando cada paso; cada paso ha sido analizado, cada paso ha sido estudiado; no hemos improvisado en ningún momento; ha sido difícil terminar una guerra de 50 años; con una gente como la que tenemos al frente no es nada fácil, pero creo que hemos avanzado precisamente porque en ese proceso ha habido seriedad, ha habido responsabilidad, ha habido planeación y unas líneas rojas clarísimas que nos pusimos desde el principio.

Aquí no vamos a hacer la revolución por decreto, como querían las Farc, no vamos ni estamos poniendo en tela de juicio nuestro sistema económico, nuestro sistema político; estamos simplemente haciendo una transición de un grupo armado, el último que queda en el Hemisferio Occidental, hacia una democracia con las garantías que requieran, y es la primera vez que un grupo armado, una guerrilla, se somete a una justicia transicional y, al mismo tiempo, entrega las armas; eso nunca se había visto antes.

O sea que se ha venido negociando cuidadosamente, y si ustedes se leen, yo les pediría, doctor Camilo, que hagan ese ejercicio o hagan un resumen,  si se leen los acuerdos, que mucha gente comienza a hablar: es que aquí están entregando este país al comunismo, léanse los acuerdos que están publicados y verán que esta paz lo que va a traer es bienestar. A nadie se le está poniendo en la picota pública y a nadie se le van a quitar sus bienes, a nacionalizar sus empresas o sus tierras, nada de eso está siendo negociado. Todo lo contrario, lo que aquí hay es una apertura de oportunidades como jamás habíamos visto los colombianos.

De manera que en eso ustedes son los protagonistas de todo este proceso, son los que tienen que tomar la decisión. Yo recuerdo unas palabras del presidente Reagan, que decía: En nuestra democracia no es el gobierno el que le dice al pueblo qué tiene que hacer; es el pueblo el que le dice al gobierno qué tiene que hacer. Creo yo que también el pueblo colombiano es el que tiene que decir si quiere la paz o no.

Por eso el plebiscito, porque no es Juan Manuel Santos, no es el gobierno, es el pueblo colombiano el que tiene que decidir si queremos dar ese salto hacia ese futuro, a ese futuro promisorio lleno de oportunidades, o si nos mantenemos en ese pasado, anclados a la violencia, a esa guerra permanente, una guerra irregular alimentada por el narcotráfico, con las voladuras de los oleoductos, con todo lo que hemos estado acostumbrados.

Yo estoy seguro de que el pueblo colombiano va a tomar esa decisión de escoger el futuro y no quedarse anclado en el pasado. Estoy seguro de que ustedes, que son personas que tienen peso específico en todos sus ámbitos, que tienen una gran responsabilidad, empresarios, dirigentes, pues también van a poner su granito de arena, y no solo van a apoyar este salto hacia el futuro, hacia un mejor futuro, sino que van a decirle a mucha otra gente que ese es el camino que más le conviene a Colombia. Muchas gracias.

/Audios/2129_CamaraComercioColomboAmericana_20160315.mp3

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