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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos al intervenir en la sesión informativa del Fórum Europa

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Madrid, España , lunes, 14 de mayo de 2018
Sistema Informativo del Gobierno - SIG

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos al intervenir en la sesión informativa del Fórum Europa

A todos los amigos, gracias por estar aquí presentes el día de hoy.

Siempre es una tremenda dificultad hablar después de Felipe González. Ese poder de síntesis que tiene y dice todo en un tiempo tan breve, lo deja a uno en aprietos, porque más o menos lo que él resumió en cuatro minutos era lo que yo tenía para decirles hoy, contarles hoy, hablarles del proceso de paz y de lo que hemos venido construyendo en Colombia durante todos estos casi ocho años.

El proceso de paz, que nadie se imaginaba que fuese posible culminarlo exitosamente hace ocho años; cuando me posesioné como Presidente y mencioné por primera vez esa posibilidad, la gente me miró con escepticismo: Eso no es posible, ya muchos presidentes nos han prometido lo mismo y nunca lo han logrado.

Pues lo logramos porque se alinearon las estrellas, se dieron las condiciones; como cualquier proceso en la historia, hay que generar esas condiciones para que los hechos se puedan dar, y eso fue lo que hicimos en Colombia, generar las condiciones propicias para lograr un proceso exitoso.

Un proceso, como lo decía Felipe, difícil, porque hacer la paz es mucho más difícil que hacer la guerra. En tiempos de guerra, y a mí me correspondió como Ministro de Defensa, el liderazgo en la guerra es un liderazgo fácil, es vertical. De un lado están los buenos y del otro lado, están los malos, y uno recoge los buenos y va a luchar contra los malos.

Hacer la paz, en cambio, requiere un liderazgo horizontal, en donde hay que persuadir, en donde hay que cambiar actitudes, cambiar sentimientos, eso es mucho más complicado. Pero en este caso tiene un valor muy grande, y es que se persigue el más noble de todos los objetivos para cualquier sociedad, que es lograr la paz.

Siempre hay detractores de cualquier paz, porque en estos procesos la pregunta de fondo que se tiene que responder ante una sociedad es: ¿dónde traza uno la línea entre justicia y paz?

Por eso cualquier acuerdo de paz es imperfecto por naturaleza, siempre habrá quienes quieren más justicia y siempre habrá quienes quieran más paz. Por eso siempre habrá quienes no queden contentos con los resultados.

Eso es lo que ha sucedido en Colombia, con algunas diferencias. Me decían los estudiosos de la historia de Colombia y de los procesos de paz, que este ha sido el proceso de paz más calumniado que ha tenido la historia en tiempos recientes. Calumniado en el sentido de tratar de desfigurar los objetivos del proceso.

Eso ha dificultado también el proceso, pero al mismo tiempo lo ha fortalecido, porque nos ha obligado a ser más cuidadosos, a ser más rigurosos en su negociación y en su aplicación.

¿En qué está hoy el proceso? El proceso de paz en Colombia tiene muchas características sui generis frente a otros procesos de paz en todas partes del mundo (…) mucho más complejo, mucho más integral.

Porque no nos limitamos simplemente a hacer lo que hacen en la mayoría de los procesos, lo que llaman el DDR, tanto en inglés como en español: el desarme, la desmovilización y la reintegración de los alzados en armas a la sociedad, a la democracia.

Eso es lo que hicieron en El Salvador, en Guatemala, en tantos otros, inclusive en Colombia mismo cuando se hizo la paz con el M-19, se daban las amnistías, se desarmaban y pare de contar.

Eso ya se hizo en Colombia, eso ya se completó. Las Farc se desarmaron, inclusive entregaron más armas que guerrilleros registrados, cosa que no era ni es usual. Están ya conformados como partido político, participaron en las últimas elecciones de Congreso, no les fue nada bien, y, como dice Felipe, nos hubiera gustado que el resultado fuera un poco mejor. Pero esa es la realidad. Las Farc cometieron demasiadas atrocidades y el pueblo colombiano expresó su voluntad y no les dio sino una muy pequeña votación.

Entonces ya lo que es normal en cualquier proceso se cumplió en Colombia.

Lo que sucede es que fuimos mucho más allá y no solamente negociamos esa parte sustancial, sino que negociamos todo un nuevo proyecto de país, sobre todo para las zonas donde el conflicto no permitió durante más de 50 años la presencia del Estado.

Aquí hay algo muy importante, que lo dijimos desde el comienzo de la negociación: eso que estamos comenzando a ejecutar, nos dimos 15 años para ejecutarlo.

Son planes de desarrollo que los bautizamos Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, son 16 planes específicos, en las 16 zonas que identificamos como las más necesitadas, donde la guerra fue más dura y donde el Estado estuvo más ausente. Fueron planes que durante estos últimos 14 meses que llevamos desde la firma del Acuerdo, hemos venido consultando con las propias comunidades, eso nunca se había hecho en Colombia.

O sea, son planes de desarrollo construidos desde la base, que vamos elevando para tomar las decisiones; ya esos planes están diseñados, consultados y están previstos en los acuerdos a comenzar a ejecutarse a partir del primero de enero del año entrante. Así se acordó y eso se viene cumpliendo.

Son oportunidades, además, enormes, para mucha gente, porque ahí vamos a tener condiciones muy especiales, incentivos tributarios, son zonas muy ricas del país que simplemente nunca habían sido desarrolladas, y eso toma tiempo.

Pero lo que les quiero reiterar es que eso se tendría que hacer con o sin Farc. Eso no fue ninguna concesión a las Farc, fue una concesión en el sentido de darle al acuerdo más dimensión, pero eso que estamos haciendo es la obligación de cualquier gobierno, existiese o no las Farc.

Ya no existen, ya las Farc desaparecieron, pero esa responsabilidad con esas zonas y con las comunidades pues se mantiene, y eso es lo que estamos haciendo en este momento y que los sucesores tendrán que seguir haciéndolo durante los próximos tres periodos.

¿Por qué digo que durante los próximos tres periodos? Porque ese fue el plazo que nos pusimos, y además fue lo que nuestra propia Corte Constitucional dictaminó; en un fallo histórico, cuando le dio la bendición a los acuerdos de paz, la Corte dijo: Estos acuerdos tienen tal importancia, que ningún gobierno de los próximos tres gobiernos podrá emitir ningún decreto, ni ningún Congreso, durante los próximos tres periodos, podrá aprobar una ley o una reforma constitucional que vaya en contravía de los acuerdos firmados.

Por eso es que digo que los acuerdos son irreversibles; no importa quien llegue al poder, tendrá que continuarlos, pero no solamente desde el punto de vista legal, también desde el punto de vista práctico, racional.

¿A quién se la va a ocurrir, a estas alturas, cuando estamos viendo la felicidad de millones de colombianos de esas zonas a las que les cambió la vida, que las Farc se vuelvan a armar, que vuelvan al monte, o sea, a quién se le ocurre echar para atrás? Esto es irreversible en la práctica e irreversible legalmente.

Además, este proceso, que ha sido tan calumniado, la verdad siempre llega aunque llegue tarde. Una frase de Winston Churchill, que me gusta citarla, decía: Las mentiras avanzan rápidamente y van en la mitad del camino cuando la verdad apenas se está poniendo los pantalones.

Eso generalmente sucede. Y la verdad está comenzando a salir avante.

Esto que mencionaba Felipe, el fantasma del castrochavismo, que vamos a entregarle el país a la Farc, que el comunismo se va a tomar a Colombia, era eso, puros fantasmas de la política, esa neblina que todo lo distorsiona de la lucha por el poder, pero la neblina cuando viene el viento de la historia se va disipando y va saliendo la verdad.

Muchos se quedaron sin argumentos cuando decían: ojo, que es que la Farc tienen ingentes sumas de dinero y se van a comprar las próximas elecciones y van asumir el poder. Y la gente lo creía. La gente informada. Mucha gente informada decía: Oiga, eso puede ser verdad, ellos guardaron todo ese dinero que se habían ganado con el narcotráfico y lo van a utilizar para ganarse las elecciones. Lógicamente ese argumento quedó en el aire cuando vieron los resultados de las últimas elecciones.

De manera que el proceso va, va caminando de acuerdo a como estaba establecido. Con problemas, por supuesto, porque es un proceso muy complejo y muy ambicioso. Y hemos encontrado dificultades. Al propio Gobierno a veces le falta articularse para ser más eficiente, para dar resultados más rápidos.

La gente se exaspera. Dice: El cambio a la paz, nos prometieron los colegios, las carreteras, los hospitales. Y hay que explicarles que construir una carretera toma tiempo, hay que estructurar los proyectos; los colegios vienen, pero hay que también planear todo lo que tiene que ver con el desarrollo.

Eso va a marchando y va a cambiar la historia del país. Y no nos hemos quedado quietos en lo que llamamos la construcción de la paz. Esa la comenzamos inclusive antes de haber firmado los acuerdos. Porque siempre mantuvimos ese aspecto muy presente, que en cierta forma ha sido opacado por el proceso mismo, pero que también está saliendo a relucir.

En el año 2012, cuatro años antes de firmar los acuerdos, cuando estábamos inclusive comenzando las negociaciones, hicimos aprobar una ley histórica, que se llama la Ley de Reparación de Víctimas y Restitución de Tierras.

Para reparar las víctimas, las millones de víctimas, tenemos 8 millones y medio de víctimas registradas, que hay que repararas de alguna forma. Y como decía Felipe, ese también es un elemento sui generis de este proceso.

Por primera vez en un proceso de paz en el mundo se colocan los derechos de las víctimas, los derechos a la justicia, a la reparación, a la verdad y a la no repetición como el centro de la solución del conflicto, para que informara toda la negociación, y así procedimos. Eso le dio una gran legitimidad a este proceso.

También la primera vez que dos partes se ponen de acuerdo en crear una justicia. Primera vez que un país soluciona un conflicto armado bajo el paraguas del Tratado de Roma, que se negoció, precisamente, para solucionar conflictos armados. Es la primera vez que se hace.

Esa justicia transicional que negociamos se ha convertido también en un precedente para otros países, es un elemento de estudio académico de mucha gente, que ya está diciendo: cómo fue que negociaron esta justicia.

Esa justicia ya comenzó a operar. Ya comenzó con un Tribunal Especial, escogido de manera totalmente transparente y objetiva.

También comenzó una Comisión de la Verdad, que tiene tres años, para, diría, escoger algunos casos emblemáticos, porque la verdad es necesaria muchas veces para sanar las heridas: que salga la verdad a relucir.

También se negoció y se creó una Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que eso es lo que las víctimas, muchas veces, más quieren, o lo único que quieren.

Una madre que perdió a su hijo, su hija, lo único que me dice o le dice a la gente: Que me digan dónde está mi hijo o mi hija, ¿qué pasó con ellos? Y sobre todo cuando está desaparecido, no hay más dolor más grande. Todo eso hay que repararlo. Todo eso toma tiempo.

Ya llevamos más de 800 mil víctimas, pero son 8 millones. O sea que va a ser un esfuerzo muy largo, pero muy importante.

Nosotros comenzamos entonces a reparar a las víctimas antes inclusive de terminar de negociar los acuerdos. Y comenzamos a devolverles a los campesinos las tierras que les quitaron a punta de fusil.

La violencia desplazó a millones de colombianos, millones de campesinos, y les estamos devolviendo esas tierras, dándoles títulos, dándoles proyectos productivos. Un proceso lento, pero que va ser también la base de ese futuro del campo colombiano, que tiene un futuro maravilloso, pero que ha sido abandonado durante tanto tiempo, precisamente por la presencia del conflicto.

Llevamos más de 300 mil hectáreas devueltas a los campesinos. Vamos a devolverles otras 500 mil, que están en manos de los jueces, para hacerlo con toda la legalidad del caso.

Pero simultáneamente también hicimos un gran esfuerzo en esa construcción de la paz, porque siempre hemos dicho: estos procesos tienen fases. Una fase es la negociación del Acuerdo, para que se silencien los fusiles. Pero otra fase, todavía más difícil, es la fase de la construcción de la paz, que puede demorar una o dos generaciones. Esa es todavía más difícil, y hay que hacer un gran esfuerzo, porque ahí se conjugan el desarrollo y la reconciliación.

El Papa Francisco fue el año pasado a Colombia con ese propósito específico. Y lo dijo él personalmente: Vengo a Colombia con un objetivo: darles un empujón a los colombianos para que den el primer paso hacia la reconciliación, que es un proceso largo y difícil. Y lo es, lo ha sido y lo será. Pero hay que hacerlo para que este proceso, para que la paz sea estable y duradera.

Alrededor de eso hay que continuar la construcción de la paz, que es donde entra a jugar todo lo que hemos venido haciendo en los temas normales del país, porque cuando llegamos hace 8 años nos propusimos unas metas, nos propusimos una visión, que tenía tres pilares: yo quiero entregarle al próximo gobierno, lo dije hace 8 años, un país en paz, un país más equitativo y un país mejor educado.

Nos trazamos unos objetivos muy ambiciosos en todos los frentes, que tenían que ver con esos tres pilares. Hicimos de la educación una educación gratis para todos los niños y niñas de Colombia en los colegios públicos, del grado cero al grado once, para que ningún papá y ninguna mamá tuvieran excusa de no enviar sus niños al colegio.

Comenzamos en materia de educación con un programa muy ambicioso de primea infancia, que mi esposa aquí presente, esa es su principal bandera, que ha sido muy exitoso, porque ahí es donde comienzan las desigualdades.

En cualquier sociedad no hay más inversión más rentable de cualquier sociedad que la que se hace en la primera infancia. Y hemos hecho un gran esfuerzo para mejorar la calidad de la educación.

En salud: convertimos la salud en un derecho fundamental. En Colombia más del 25 por ciento de los colombianos no tenía derecho a enfermarse, porque se morían. Porque llegaban a los hospitales y les decían: ¿Usted a qué sistema pertenece? No estaba matriculado en ningún sistema, y lo mandaban a otro hospital, y a otro hospital, se le denominaba el carrusel de la muerte. Y se morían.

Nosotros dijimos: eso no puede suceder en ninguna sociedad que tenga el mínimo de justicia. Hicimos declarar por el Congreso el derecho a la salud como un derecho fundamental. Y hoy hay cobertura universal, con un sistema de tratamiento muy generoso y, además, equiparamos el sistema subsidiado con el sistema contributivo, que hace que el sistema de salud colombiano sea uno de los más avanzados en la región, en el mundo.

En materia de infraestructura, muchos de los aquí presentes han venido participando en esa revolución, es el proyecto de infraestructura más ambicioso de cualquier país emergente, no solamente de la región; es un proceso de modernizar la infraestructura, que tiene que ver con carreteras, con aeropuertos, con puertos.

Los que han viajado a Colombia recientemente, llegan al Aeropuerto El Dorado, que hace ocho años era de los más ineficientes de la región. Hoy es el primer aeropuerto en carga de toda América Latina, el tercero en pasajeros y uno de los más eficientes, sino el más eficiente, en número de vuelos que entran y salen por hora. Y eso lo hemos hecho para que podamos tener una infraestructura moderna.

Y así en los demás frentes. Hemos generado más de 3,5 millones de empleos, la mayoría de ellos formales. Por primera vez tenemos más clase media que pobreza.

Hemos hecho un gran esfuerzo también en las comunicaciones, en la tecnología. Conectamos los municipios de Colombia, que son más de 1.100, con fibra óptica y banda ancha, para poder aprovechar lo que significa que todo el mundo tenga acceso a la tecnología.

En fin, hemos avanzado muchísimo en lo que complementa este proceso de paz, para que esa construcción de la paz sea cada vez más fácil o menos difícil.

Y, por supuesto, la parte social, la equidad. Para darles un ejemplo, la pobreza extrema la hemos reducido a la mitad, y si continuamos la tendencia en el año 2025-2026 podremos decir: Colombia dejó atrás la pobreza extrema, es decir, desapareció la pobreza extrema del país.

Todavía tenemos demasiados pobres, en términos generales, pero lo hemos reducido. Más de 5,5 millones de colombianos han salido de la pobreza. Tenemos que continuar.

Por eso, y con esto termino, le estamos entregando a mi sucesor un país mejor del que nosotros recibimos, que es lo que aspira a hacer cualquier gobernante, aprovechar las circunstancias y avanzar. Todavía hay muchos desafíos, todavía hay muchos problemas, pero tenemos una economía más sólida de la que teníamos hace ocho años.

¿Cómo se mide la solidez de la economía? La tasa de inversión, la más alta de nuestra historia y la más alta de América Latina. Los llamados ‘spreads’, la prima de riesgo, de las más bajas de nuestra historia, confianza que hay de los inversionistas en el futuro de Colombia.

Tenemos grado de inversión. Y tenemos unas cuentas fiscales responsables, porque hemos sido en eso pura Tercera Vía. ¿Cómo defino la Tercera Vía? El mercado hasta donde sea posible, el Estado donde sea necesario. Y ese pragmatismo es lo que nos ha permitido lograr estos resultados, que espero que mi sucesor siga construyendo sobre lo construido, que es lo que cualquier gobernante responsable debe hacer.

Y que fue lo que hicimos nosotros. Nosotros construimos sobre lo que recibimos del Presidente Uribe, que fueron avances muy importantes. Y seguimos construyendo en lo fundamental. Pero con la paz todo va a ser más fácil, y con socios como ustedes, aquí en España, también va a ser mucho más fácil. Muchas gracias.

(Fin)

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