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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Día de la Independencia de Israel

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Noticias
Bogotá , miércoles, 18 de abril de 2018
Sistema Informativo del Gobierno - SIG

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Día de la Independencia de Israel

¡Shalom a todos!

Antes de empezar, permítanme que les cuente una anécdota que varios aquí ya conocen, y que viene muy a propósito de este frío bogotano de las últimas semanas.

En 2013 tuve el privilegio de realizar una visita de Estado a Israel, en compañía de empresarios de la comunidad judía y dignatarios de sus instituciones.

Fuimos invitados a cenar a la casa del entonces presidente Shimon Peres –un hombre realmente extraordinario.

Recuerdo muy bien como el Presidente Perez, en las múltiples ocasiones en que nos encontrábamos, en Israel en Nueva York, me contaba de una historia que le sucedió en Colombia después de la Segunda Guerra Mundial.

Él trabajaba en el Ministerio de Defensa en el departamento del compra y venta de material militar, y vino a Colombia a hacer una transacción y le tocó volar de Bogotá a Cartagena en una avión bimotor y cuando iban en la mitad del vuelo se apagó un motor y me decía Shimon Peres: es el momento más cercano a la muerte de toda mi vida, por eso recuerdo a Colombia tanto.

Y me contaba que le tocaba decidir porque el piloto le decía, podemos seguir, nos falta la mitad del trayecto, y podemos llegar pero con un solo motor la cosa no está fácil, podemos aterrizar de emergencia en algún sitio, pero eso era selva y aterrizar era muy difícil.

Tomé la decisión, me decía Shimon Peres, de continuar y nunca voy a olvidar a Colombia porque me trajo mucha suerte, llegamos a Barranquilla.

Estábamos en su casa, comiendo en el jardín, y como era junio, supuestamente verano, nos confiamos y no calculamos que la temperatura fuera a bajar tanto…

Pues bien, haciendo el cuento corto, hubo que repartir ruanas – ¡sí, ruanas!– y la cena terminó siendo la representación perfecta de la amistad entre nuestros pueblos –tal y como sucede esta noche–.

Debo decir –y lo digo con orgullo– que mi afecto por la comunidad judía no es reciente sino de toda la vida.

Cuando yo era niño, mi abuelo me contaba muchas veces historias sobre el pueblo judío, y sobre cómo se había constituido el Estado de Israel.

Por él me enteré de la diáspora y de la visión de Herzl, y por él supe también del infame Holocausto.

En ese momento oscuro de la humanidad, mi tío abuelo, Eduardo Santos –presidente de Colombia entre 1938 y 1942– nunca dudó en brindarles una mano solidaria a los judíos que huían del horror que se expandía por Europa.

Bajo su gobierno llegaron algunos de los antepasados de quienes hoy se encuentran en esta sala.

Mi padre, Enrique Santos, heredó ese particular aprecio por los judíos. Siempre puso El Tiempo a disposición de la causa judía, y lo hizo movido por sentimientos de admiración y de afecto.

Como ven, esa especial admiración que tengo por la causa judía, no solamente es por mis principios, sino que la llevo en la sangre.

El año pasado tuvimos el placer de recibir al primer ministro Netanyahu, primera vez que un jefe de gobierno de Israel nos visita.

No fue casualidad que nuestro país hiciera parte de su gira por América Latina. Los acuerdos que suscribimos en materia de turismo, de intercambio científico y de cooperación, son una muestra de los lazos que unen a Colombia e Israel

–unos lazos cada vez más sólidos–.

Para nadie es un secreto que, a escala global, los logros de Israel son ejemplares en campos tan diversos como la tecnología, la agricultura, las energías alternativas, el transporte público, o el uso eficiente del agua.

Justamente, aprovechando la experiencia israelí en este último tema –el del agua–, abordamos con el primer ministro Netanyahu la posibilidad de desarrollar un proyecto en La Guajira para beneficiar a miles de personas afectadas por las sequías. Esperamos que pueda concretarse muy pronto.

Colombia tiene mucho que aprender de Israel. Y para ello, felizmente, contamos con una comunidad judía vibrante y emprendedora. Una comunidad que se caracteriza por su liderazgo positivo y que ha demostrado su compromiso con la paz.

El pueblo israelí sabe que la paz es la aspiración máxima de cualquier sociedad –tanto así que ese anhelo está consagrado en su declaración de independencia–.

Por eso agradecemos, de corazón, el respaldo de Israel a nuestros esfuerzos por construir una Colombia nueva –libre, por fin, del pesado lastre de un conflicto armado entre hijos de una misma nación–.

Ustedes estuvieron a nuestro lado, solidarios, durante las décadas de terror y nos alegra comprobar que siguen estándolo en esta desafiante etapa de construcción de paz, que es la más difícil.

Hacer la guerra es una tarea horrorosa cuando toca hacerlo pero a veces necesaria, y hacerla requiere un liderazgo especial, un liderazgo muy horizontal porque en la guerra todo es blanco o negro, en cambio hacer la paz, requiere otro tipo de liderazgo, un liderazgo más horizontal y ya no es vamos detrás del enemigo, el liderazgo requiere convencimiento, persuasión, que es mucho más difícil.

Y negociar un proceso de paz es ya de por sí muy complejo porque hay que sentarse con el enemigo, sentarse con quien uno ha combatido. Y yo me inspiré en este proceso de paz, en muchas experiencias pero una en particular, la de Isaac Rabin, e inclusive acuñé una teoría: la doctrina Rabin lo he demostrado muchas veces, cuando él le dijo al pueblo de Israel y al mundo entero, voy a sentarme a negociar la paz como si no existiera el terrorismo, pero voy a combatir el terrorismo al mismo tiempo como si no existiera proceso de paz.

Esa misma doctrina la utilicé yo en el proceso de paz y a la postre resultó efectiva. Entonces el mismo Rabin decía cómo era de difícil, cómo era de difícil que entendiera su propio pueblo que estaba sentado al frente de Arafat.

Y ese proceso de paz a la postre, le costó la vida. Y Rabin decía siempre, lo más importante para un soldado, lo más importante para un ser humano es buscar la paz, por eso fue para mí un gran motivo de inspiración.

Y eso que le costó a Isaac Rabin la vida, su anhelo por la paz, habiendo sido un militar muy efectivo, muy exitoso, es lo que nos demuestra también que esta última fase, la reconciliación es la más difícil de todas y donde también la ayuda de los amigos, la inspiración de muchos entra a ser necesaria como anillo al dedo y es esa fase donde estamos.

El proceso de paz que culminamos con las Farc y en el que hoy estamos en ese proceso de reconciliación, tiene sus altibajos, pero así como el pueblo de Israel dice, yo tengo unos principios y unos ideales y unos propósitos, nosotros también y eso es lo que nos va a llevar a Israel y a Colombia a buen puerto a la larga.

Así lo han demostrado con su apoyo a las misiones de desminado que estamos adelantando, un apoyo valioso y necesario que cambia vidas.

Del mismo modo, en temas de agricultura, ciencia e innovación contamos con su experticia en el Proyecto Megaleche, una experiencia exitosa que ha permitido incrementar la capacidad de productores de lácteos en varios municipios del Atlántico.

Y también, gracias a Israel, actualmente se encuentran en marcha proyectos productivos en Antioquia que están beneficiando a muchísimas familias.

Por otro lado, no puedo dejar de resaltar el aporte de Israel al fomento de la educación como herramienta de transformación social.

A través de Mashav –la Agencia de Cooperación Internacional de la Cancillería de Israel–, se sigue manteniendo la tradición de otorgamiento de becas y capacitaciones a colombianos en las más diversas áreas, que van desde la agricultura hasta el empoderamiento de la mujer.

No hay duda de que el potencial de nuestra relación es inmenso. Y estoy seguro de que lo será aún más con el acuerdo comercial entre nuestros países –el cual está en su última fase, la de revisión por parte de la Corte Constitucional colombiana–.

Se trata de un acuerdo innovador entre economías complementarias –es decir, economías que no compiten entre sí–, que servirá para estrechar nuestros vínculos comerciales en favor del progreso y el crecimiento económico con equidad. Le tengo mucha fe a este tratado.

Javerim iekerin (apreciados amigos)

Desde 1957, nuestras relaciones han estado marcadas por la cooperación, y por un cariño sincero entre israelíes y colombianos. Colombia ha cultivado, a lo largo de muchos años, una tradición de simpatía por las causas de Israel.

Siempre admiro la valentía con la que los israelíes han hecho frente a las amenazas contra su seguridad.

Y aprovecho para repetir hoy aquí lo que he dicho en muchos escenarios: la única solución viable al conflicto con Palestina es la que surja de una negociación con Israel. Solo de esta forma podrá haber una convivencia pacífica a largo plazo.

A nosotros nos han presionado mucho para que reconozcamos a Palestina. No lo he hecho, siempre diciendo que eso debe ser producto de un acuerdo de paz con Israel.

Hace más de veinte años –siendo ministro de Comercio Exterior– visité Israel, y me trataron especialmente bien porque había logrado que por primera vez en una reunión de Naciones Unidas no condenaran a Israel. Fue en la octava conferencia de la UNCTAD.

En esa, mi primera visita, me asombró cada detalle que pude ver, cada historia que pude conocer, y aprendí a admirar profundamente su cultura, sus costumbres y su gente.

Hoy me siento muy honrado por mi amistad con la comunidad judía, que me ha dado reconocimientos que atesoro en el alma.

En 2012 recibí en Nueva York, de manos de David Harris, timonel del American Jewish Committee, el premio al Estadista Distinguido; ese mismo año recibí el Premio Shalom de parte del Congreso Judío Latinoamericano.

Y en diciembre pasado, de nuevo el American Jewish Committee me concedió una distinción, esta vez el premio Gesher, que se entrega a líderes iberoamericanos que promueven el entendimiento entre pueblos y naciones.

Gesher –como bien saben– significa “puente” en hebreo: porque en la vida, los que queremos sembrar semillas de bien, los que queremos construir paz, tenemos que levantar siempre puentes y nunca muros; promover la unidad y no la división.

Hoy, más que nunca, en esta fecha tan especial para Israel –el YON JATSMAUT o día de la independencia–, quiero felicitarlos en nombre de cincuenta millones de compatriotas.

Es una celebración doblemente feliz porque se enmarca en los primeros 70 años del establecimiento del Estado de Israel.

70 años de reivindicación de ese espíritu creativo, innovador y audaz que caracteriza a los israelíes.

70 años que recogen las raíces milenarias de la historia de Occidente.

70 años siendo “una luz para el mundo”, en palabras del profeta Isaías.

Que esa luz siga brillando hoy, mañana y siempre.

Muchas gracias y felicidades a todos.

Mazal Tov!

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