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Columnistas
Juan Fernando Cristo

Diez y nueve años después

 Bogotá, 8 de agosto de 2016. Diario La Opinión

​Hola papá. Cada vez que se acerca esta fecha mi mente retrocede de manera inmediata y ya son 19 años. Las imágenes son las mismas, los recuerdos tan tristes como entonces, el dolor reaparece y  también la nostalgia por los momentos que vivimos juntos y tantos otros que la violencia no nos permitió disfrutar a su lado. En muchas ocasiones me siento en la terraza de la casa en Cúcuta, los domingos temprano, a escuchar a Mozart o Bach, sus preferidos en música clásica, y comienzo a pensar, a especular, a soñar, qué hubiera sido de nuestras vidas si ese 8 de agosto los asesinos hubiesen fallado en su propósito criminal. A los pocos minutos despierto de ese letargo y constato que el tiempo no da marcha atrás, que es implacable al igual que el destino.  Ese mismo destino que quiso que usted partiera en la vitalidad de sus actividades, de la manera injusta y cruel que jamás pude aceptar.     

El Ministro del Interior recuerda el asesinato de su padre, hace casi veinte años, y destaca el camino recorrido para sentar las bases del proceso de paz que hoy llena de esperanza e ilusión a millones de colombianos, y que ha llegado más lejos que nunca.

Resulta increíble que 19 años después, una generación completa de colombianos, aún sigamos hablando de conflicto armado, de guerra, de la búsqueda de la paz. Triste que todavía existan las FARC y el ELN como movimientos armados, cuando en todo el hemisferio occidental la lucha armada desapareció. Tras su asesinato, los Presidentes Pastrana y Uribe intentaron el cese de la violencia y la consecución de la paz con esos grupos de distintas maneras. Pastrana a través de una generosa negociación con las FARC que lamentablemente fracasó y Uribe con una dura y exitosa ofensiva militar que combinó con ofertas de diálogo a la guerrilla, que ni siquiera alcanzaron a nacer. La realidad es que en ninguno de los dos casos la estrategia funcionó y las acciones de estos grupos siguieron causando a miles de familias el mismo dolor irremediable que causó a nosotros.

Como le contaba hace un año, con ese panorama asumió su mandato el Presidente Santos y muy temprano comenzó a marcar diferencias con su antecesor. Sus primeras decisiones fueron apoyar en el Congreso el trámite de la ley de víctimas y restitución de tierras, a la que Uribe se opuso con ferocidad y al tiempo restablecer las relaciones diplomáticas con los vecinos Ecuador y Venezuela. Dos claras señales de un nuevo talante de gobierno que abrirían las posibilidades de un intento de solución negociada al conflicto armado, comenzando por su propio reconocimiento en la ley, que el gobierno anterior desconocía. Así comenzaron a sentarse las bases de este proceso de paz que hoy llena de esperanza e ilusión a millones de colombianos, un proceso que nos ha llevado más lejos que nunca en el propósito de terminar un conflicto con la guerrilla más antigua del mundo, la más grande, la que mayor capacidad de generar violencia ha tenido en Colombia. Antes de cumplir los 4 años de negociaciones difíciles y complejas, en poca
s semanas, con seguridad, se estará firmando un acuerdo de paz con las FARC que nos conducirá en 6 meses a su desarme total y definitivo, a su desaparición como grupo armado y posterior tránsito a partido político en la civilidad. Y recuerdo hoy con mucho orgullo que usted fue el ponente de la ley que incorporó a nuestro ordenamiento jurídico el Protocolo II de Ginebra, que es ahora de gran utilidad para garantizar la seguridad jurídica de esta negociación. Más de 23 años después su tarea parlamentaria genera un aporte concreto a la paz de este país.

Y con el ELN aún se insiste en comenzar un diálogo que no se ha podido concretar porque persisten las divisiones en su interior y algunos sectores de esa guerrilla insisten en el secuestro como arma política y económica, sin comprender que la sociedad colombiana hoy no está dispuesta a tolerar un secuestro más sin reaccionar de manera contundente contra este flagelo. Porque desde que se iniciaron los diálogos con las FARC y especialmente después de los anuncios de cese unilateral al fuego por parte de esa guerrilla, el número de víctimas en el país como consecuencia del conflicto armado ha disminuido dramáticamente. En fin, es indudable que nos acercamos a un momento histórico para Colombia, quedan pocos temas por acordar en La Habana y se llegará a un acuerdo definitivo que nos permitirá doblar esta triste página de la violencia. Y me la he jugado con todas mis fuerzas por esta posibilidad, como estoy seguro lo hubiera hecho usted si sobreviviera, con la ilusión que Dany y Nico puedan vivir en un país muy di
stinto al que nos correspondió vivir a nosotros, sin miedo, sin violencia, sin que tengan que llorar a su padre.

Cuando se firme el acuerdo habrá que esperar que los colombianos vayan a las urnas a votar en un plebiscito si lo respaldan o no para que pueda entrar en vigencia. Así como usted votó hace ya casi 60 años para que terminara la violencia partidista de entonces. Hay un debate muy duro y parece increíble que expresidentes que buscaron la paz, como Pastrana y Uribe, sean ahora los más duros e injustos opositores de esta posibilidad de paz para el país. Pareciera que les duele que el Presidente Santos pueda lograr esa paz que ellos por distintas razones no pudieron alcanzar para Colombia. Sin embargo, confío que una vez se conozcan los acuerdos definitivos y se puedan desvirtuar tantas mentiras sobre los mismos, la inmensa mayoría de los colombianos saldremos a votar SI y no dilapidaremos esta oportunidad única que tenemos de lograr la paz. Pasarán muchos años de más violencia y sangre antes que se repita una oportunidad igual.     

Siempre me alargo cuando me siento a escribirle, papá, porque siento como si estuviéramos conversando los dos en esas largas caminatas por Bogotá o en su consultorio en Cúcuta. Este año le escribo lleno de tristeza como siempre, pero también con la emoción y la esperanza que será el último año que lo hago desde su muerte en el que aún estamos en guerra. Que llegó la hora del perdón y la reconciliación en este país. Con toda certeza el 8 de agosto del próximo año este será un país distinto sin el accionar de las FARC y espero que tampoco del ELN. No tendremos que seguir contando más muertos de la población civil, de nuestra Policía y Ejército, ni de la misma guerrilla y podremos trabajar por solucionar de verdad los problemas de exclusión y pobreza que nos afectan y que a usted tanto dolían con su preocupación permanente por los más humildes.  

Le cuento finalmente que hace poco, al cumplir ya dos años en el Ministerio, que ha sido una experiencia maravillosa pero muy dura, pude escaparme dos semanas con María Cristina y los niños. Fue un paseo que disfrutamos enormemente y durante el cual en silencio pensé mucho en usted cuando en su favorita París nos paramos en la esquina de Saint Michel a contemplar la iglesia de Notre Dame, a la que usted por primera vez me llevó maravillado hace tantos años o cuando los llevé en Saint Germain des Prés al Café Les Deux Magots que tanto disfrutaba y donde pasamos momentos inolvidables. Dany y Nico están ya grandes, les gusta escuchar sus cuentos, sus historias, y a mí esos relatos me alegran el alma, me ayudan a nunca olvidar que a pesar de ser una víctima directa de esta guerra que mató parte de mi vida, soy una víctima privilegiada porque puede reconstruirla y tuve la suerte de contar con el mejor papá, el mejor amigo que nadie pueda tener en el mundo entero. Hasta pronto papá.

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