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Columnistas
Mauricio Cárdenas

Cumplimos

 Bogotá, 31 de julio de 2018. Elcolombiano.com

El presidente Santos me dio la oportunidad de ejercer como ministro de Hacienda durante los últimos seis años, un verdadero sueño cumplido para cualquier economista, pues me dio la posibilidad de aplicar en la realidad, para beneficio general, todo lo aprendido durante mi vida como académico.

Hoy hay una economía en franca recuperación, un país bien manejado que hizo un ajuste exitosoDesde que llegué al gobierno tenía claro mi interés en buscar un equilibrio entre las necesidades de los empresarios, aquellos que construyen riqueza, y los trabajadores y la población más vulnerable. Hoy, a pocos días de terminar mi labor desde el Ministerio de Hacienda, sé que me quedaron cosas por hacer, pero me siento satisfecho de que hoy hay un mejor país para la gran mayoría de los colombianos.

En ese camino, apareció un reto inmenso. En el año 2014 el país se vio enfrentado a la crisis de los precios del petróleo. El crudo cayó de 100 dólares por barril a promediar los 30 dólares. Colombia, que recibía gran parte de sus recursos de la exportación de hidrocarburos y otras materias primas, pasó de exportar 60 mil millones de dólares en 2013 a unos 34 mil milllones en 2016 y los ingresos petroleros del gobierno, que llegaron a ser de 24 billones de pesos, se redujeron a casi nada.

Para afrontar ese desafío aplicamos la llamada Austeridad Inteligente. Era necesario reducir los gastos, pero de manera tal que el país no saliera perjudicado y, especialmente, sin afectar los programas sociales, que se convertirían en un elemento fundamental para cumplir con uno de los mayores propósitos del Gobierno, hacer de Colombia un país más justo e igualitario.

Hoy, hay 5,4 millones de colombianos que salieron de la pobreza, la indigencia disminuyó en un 35%, se crearon más de 3,5 millones de empleos y se redujo la informalidad laboral, por primera vez en la historia, a menos del 50%.

Para ayudar a que el empresariado fuera más competitivo, se redujeron las cargas parafiscales, el impuesto de renta y algunas sobretasas que afectaban la producción; se apoyó el esfuerzo de los colombianos para acceder a una vivienda propia y hubo un decidido compromiso con la modernización de la infraestructura del país, incluso si esto requirió tomar medidas a veces impopulares, como la venta de Isagen.

Antioquia fue una de las regiones más beneficiadas con estas decisiones. En los ocho años del actual gobierno se invirtieron en el departamento unos $60 billones, incluyendo recursos importantes para mejorar los aeropuertos de Rionegro, Carepa y Medellín, adelantar vías 4G como los proyectos Pacífico 1, 2 y 3, la Autopista al Mar 1 y 2 o las Vías del Nus y construir maravillosas obras de ingeniería como el túnel del Toyo, que será el más largo del país y permitirá que el trayecto entre Medellín y Urabá pase de 8 horas a 4, mejorando de manera ostensible la conectividad del departamento.

De los recursos por la venta de Isagen, a Antioquia le correspondieron $307 mil millones, que se han comenzado a invertir en vías secundarias y terciarias en varios municipios, en una nueva conexión para el oriente antioqueño y hasta en el cable aéreo hacia el Picacho, en Medellín.

Hoy hay una economía en franca recuperación, un país bien manejado que hizo un ajuste exitoso y, que en esta carrera de relevos que es la administración pública, espero tenga mayores logros hacia el futuro. Yo estoy satisfecho de haber hecho mi parte.